Mucho tiempo pasé evitando el espejo. Le huía porque el descontento con ese cuerpo que me mostraba era infinito y con sólo verlo me fluían las críticas, los reproches y la desaprobación. Me obsesioné con todos mis defectos haciéndolos mucho más grandes de lo que realmente eran. Me convencí que todo el mundo podía notarlos, aunque la única que los notaba era yo. Muchas veces me comparé con otras personas y odiaba el no poder ser ellos. Quería ser alguien más… todos, menos yo.

Me hice daño con esas palabras duras y afanosas. Incluso traté de encontrar ese amor que me faltaba en alguien más. Buscaba incansablemente quien me dijera “guapa”, pero no hubo persona o cumplido que me hiciera sentir como si realmente lo fuera. Al final del día nadie va a venir a llenarte los vacíos del alma, porque no es su trabajo. Es tuyo.

Con el tiempo he aprendido que el amor propio empieza el día en el que decidís aceptarte tal cual sos. Completo. Con luz y sombras, con gorditos y espinillas.

Ese amor nace en ti el día en el que te levantas, te miras al espejo y sin importar lo que ves, te abrazas tan fuerte que se te olvidan las críticas. Mandas al carajo todos los complejos. Tus ojos se enfocan en ti, y son capaces de amar lo que ven.

Este no es un proceso fácil que inicia de la noche a la mañana. Pasan incluso años para que se logre aceptar que lo que tenés ahora es lo que vas a tener en 10, 40, 70 años más. Se trata de sacarle provecho a lo que se te fue dado y entender que la paz que tanto te hace falta está dentro tuyo.

Es mucho más fácil amar lo que se tiene a llevar una vida de infidelidad. Porque sí, querer hacer de otros cuerpos tu hogar es serle infiel al tuyo de muchísimas maneras y (a mi parecer) también te hace un tremendo malagradecido con ese mecanismo perfecto que te mantiene con vida.

OJO. Con esto no quiero decir que nos vamos a acomodar con lo que tenemos. Si podemos trabajar con nuestro cuerpo para que sea cada vez mejor o para vivir mejor, hay que hacerlo. No por el físico, sino por nuestra salud.

No es fácil. Existen días en los que sentís que sos la peor aberración andando. Otros en los que te ves en el espejo y hasta te lanzás piropos. Toma tiempo. Pero te queda una vida entera para aprender a quererte. Y ojalá lo logres, porque no hay nada más lindo que ser tú mismo la persona que más te ama.