Amamos ver a quien está comprometido en otra relación.

Nos fascina admirar a otros cuerpos en su vínculo con otras personas. Si no lo admitimos es porque, en efecto, las consecuencias de estos pensamientos –o peor aún, de sus actos– son catastróficas si se llegan a revelar.

Fantasear con alguien nunca hace daño, pero en un sentido general, suele hacer sentir mal o confundir a quien lo hace.

El amor que no se corresponde, ya sea porque no existe un sentimiento por parte del otro o porque no hay una soltería de por medio que posibilite el libre ejercicio de la inquietud, es una obsesión más común de lo que pensamos. No tenemos por qué satanizarla ni despreciarla.

Nuestros neurotransmisores encuentran en cada individuo una razón distinta para activar dopamina, serotonina y otras hormonas del placer; sin embargo, es una constante que esos sentimientos de adrenalina y reto caractericen el hallazgo de una persona que mueva la curiosidad o el encanto de un cuerpo que bien podría ser objeto de deseo.

Esa ansiedad por alcanzar lo imposible o de sobrepasar los límites –propios o de la sociedad–, es un reflejo de la voluntad debilitada por el placer; según algunos estudios, incluso podríamos decir que por herencia genética algunas hormonas se activan más rápido si llega a nosotros alguien que concretamente represente lo prohibido.

De acuerdo a otros análisis psicológicos, también esa tendencia a buscar el amor donde no lo hay o a exigirlo cuando ya hay otro compromiso de por medio puede obedecer a una baja autoestima o la falta de empatía con los otros.

Sea cual sea el origen clínico o científico de este asunto, de igual manera podemos hallar una luz esclarecedora en los siguientes hábitos o actitudes ante lo vivido; situaciones que son características en aquellos que se suelen involucrar en contextos de conflicto sentimental y no consumación:

La monogamia no es aceptada

Hay quienes no creen en la monogamia y encuentran en ese argumento el arma más poderosa para no quedarse con una sola pareja o acomodarse en los términos de otras relaciones.

Se cree que el amor ha desaparecido

Tanto hombres como mujeres pueden llegar a creer que el amor se ha acabado en determinadas épocas y siempre es mejor “revitalizar” ese sentimiento de euforia y descubrimiento con alguien más.

Se tiene un trauma

Según estudios, las personas que han sufrido en la infancia de algún maltrato, abandono o abuso son más propensos a no ser estables con otro y buscar constantemente personas nuevas en quien depositar esperanzas renovadas.

Aburrimiento

Que bien puede ser resultado de todos los puntos anteriores y aunque se viva una relación satisfactoria o se vea a ese otro en una unión bien cimentada, incluso en una mala, pero a final de cuentas en un contexto distinto al propio, se busca algo que no “aburra”; se pretende algo no “monótono” y que sea especial o misterioso.