Según un artículo del New York Times escrito por Sonja Lyubomirsky, profesora del Departamento de Psicología de la Universidad de California en Riverside, «investigadores estadounidenses y europeos rastrearon a 1.761 personas que se casaron y duraron 15 años comprometidos. Los hallazgos fueron claros: los recién casados disfrutan de un gran impulso de felicidad que dura, en promedio, sólo dos años».

Entonces, explica la investigación, «la alegría especial desaparece y están de regreso donde comenzaron, al menos en términos de felicidad». Lo que marca toda la diferencia es el hecho de que la pareja “se aferre” a permanecer unida hasta superar la crisis del par de años y se proponga manejar los problemas lo largo de la relación.

Es decir, las relaciones que duran son las que superan la fase del enamoramiento y permanecen el uno con el otro a pesar de que eso no los satisfaga del todo.

Pero, ¿por qué termina la magia? Esto tiene su explicación en la adaptación hedónica: según esta teoría nuestro cerebro tiene —afortunada o desafortunadamente— la capacidad de acostumbrarse a los sucesos que se le presentan. Es decir, es una tendencia natural acostumbrarnos a los cambios, no importa si estos son buenos o malos.

Esto explica por qué los primeros encuentros sexuales con una pareja son tan intensos al principio, pero después van haciéndose rutinarios y poco atractivos; además del por qué buscamos otras parejas sexuales luego de un tiempo. La adaptación hedónica supone que ninguna pareja puede amarse por siempre o al menos no con la misma intensidad.

Esa podría ser la respuesta a por qué las relaciones siempre terminan, pero ¿por qué ahora duran tan poco? La respuesta depende de algunos factores sociales y psicológicos, pues no hay evidencia científica de que nuestras estructuras mentales hayan cambiado tan drásticamente como para afectar la duración de nuestras relaciones sentimentales. Otras investigaciones han encontrado la explicación de las relaciones duraderas en otros factores:

“Hasta que la muerte nos separe”

Por una parte, la esperanza de vida es mucho más amplia en nuestros días que hace algunos años. Por ello hace unos ayeres era fácil que las personas permanecieran toda su vida juntos. Ahora la gente vive más tiempo y, a la par, parece que ese tiempo no alcanza para planear un futuro. Nos encontramos en la cultura de la inmediatez, la cual necesita ydesea todo ahora.

Roles derribados

Hace algunos años las mujeres se sentían obligadas a permanecer con una pareja, aún en contra de su voluntad. Ahora los roles de género están siendo derribados: las mujeres ya no se sienten obligadas a permanecer. Por lo tanto es más fácil terminar una relación cuando ésta no cumple con las expectativas de alguna de las partes.

Independencia financiera

La independencia financiera de las mujeres hace que les sea mucho menos complicado dejar una relación que las vuelve infelices. Según un estudio elaborado por Sonya Britt, investigadora de la Universidad Estatal de Kansas, el dinero es la principal causa de divorcio. «No son los niños, el sexo, los suegros o cualquier otra cosa. Es el dinero, tanto para hombres como para mujeres»,explicó en entrevista con el Huff Post, para esclarecer una de las razones por las que las relaciones se disuelven tan fácilmente ahora.

Redes sociales

Un estudio dado a conocer por el Cyberpsychology and Behaviour Journal, reveló hace un par de años que en el mundo se registraron 28 millones de separaciones en un año a causa de las redes sociales. Los celos, los malos entendidos y la ventilación de la vida privada, son algunos de los factores que ocasionan rupturas irreparables.

Pese a estos datos, la ciencia no ha encontrado un cambio neurológico o fisiológico relevante en las últimas décadas que justifique por qué las relaciones ahora duran menos que antes. Los estudios apuntan más a causas sociales que propiamente neurológicas; es decir, las condiciones psicológicas son las mismas que hace años, lo que ha cambiado es nuestra manera de adaptarnos a ellas.