Vivimos en una era llena de adelantos tecnológicos que nos han facilitado la vida de muchas maneras.

Incluso en las relaciones, es cuestión de entrar a una red social y darle “me gusta” a la foto del chico que te parece atractivo, incluso existen aplicaciones para encontrar a tu pareja perfecta de acuerdo a sus gustos e intereses, con ecuaciones y algoritmos certeros que te dicen quién es el adecuado para ti.

Puedes conocer personas de otros países, con otra cultura y otro idioma y vivir un romance de fantasía a través de Internet; subir una foto a Instagram para mostrarle al mundo tu increíble vida y así atraer a la quien siempre has deseado. Al final, haces todo esto para encontrar una persona ideal para ti.

Todo se ha vuelto tan impersonal, que de pronto hemos olvidado lo que realmente vale en una relación: esos nervios cuando se acerca el chico que te gusta, las primeras palabras que cruzan, esas miradas confidentes, las sonrisas que te van enamorando poco a poco.

Las apariencias son lo más importante: tomarse una foto maravillosa para ponerla de perfil, las manos entrelazadas para la portada, los pies juntos mientras ven una película para presumir su relación de ensueño.

Pero la realidad es que esto lo hacemos para obtener la atención de nuestros conocidos.

Pasamos horas editando las fotografías que tomamos con nuestras parejas, luego esperamos la lluvia de likes y comentarios de felicitación. La verdad es que no estamos preparados para una relación formal que implique compromiso serio.

Estamos en la época de las relaciones pasajeras, de los amantes desechables. Nos encanta la emoción de tener una nueva conquista, pero no apreciamos realmente a esa persona una vez que la tenemos a nuestro lado. No deseamos una relación de por vida, solo queremos aparentar que la tenemos.

Buscamos un amor incondicional, cuando no estamos dispuestos a sacrificar nada por otra persona; no queremos dejar de lado nuestra comodidad para apoyar al otro.

Queremos salir a cenar y reír un rato, pero no nos acompañamos cuando llega de golpe la soledad. Siempre tenemos que sonreír y aparentar ser felices.

Las conversaciones se han convertido en una eterna lluvia de mensajes de texto; no podemos conectarnos con la otra persona con la mirada, pero no perdemos la conexión con el celular.

El amor se ha vuelto frío y distante, y sin embargo, es lo que más deseamos todos, encontrar eso que hemos anhelado desde nuestra infancia y tener nuestro cuento con final feliz.