Un verdadero amor lleva los sentimientos al extremo: cuando está en la cumbre todo aparenta ser perfecto, pero cuando se pierde todo se nubla y somos capaces de hacer cualquier cosa con el fin de recuperar lo que se ha perdido.

Este deseo nos puede llevar a realizar decisiones que jamás tomaríamos en un estado normal, pero al estar lastimado cualquier medio parece correcto para dejar de sufrir.

Creer que hay una oportunidad


En toda ruptura amorosa siempre habrá una persona que sufrirá mucho más que la otra. Cuando te encuentras en esta situación una de las formas en que enfrentas a esta realidad es engañándote sobre lo que puede pasar en un futuro.

Cuando llega un mensaje o recibes una llamada inmediatamente crees que esa persona se acaba de arrepentir y te contacta para regresar, frecuentas los lugares en los que podría estar para tener una última plática que arregle todos los problemas o incluso rechazas cualquier otra oportunidad porque dentro de ti sabes que todavía hay una posibilidad de que las cosas cambien.

Culparte.


Llevas un largo tiempo en una relación que en un principio parecía perfecta, lentamente los días comienzan a separarlos hasta que las diferencias son inevitables y deciden acabar su unión.

Lo más natural al experimentar una separación así es pensar en todo lo que salió mal. Al principio reflexionar sobre los problemas es una buena forma de crecer y aprender sobre los fracasos.

Evitar al mundo exterior.


Naturalmente sentirás que ya nada vale la pena y comienzas a odiar todas las cosas que antes amabas porque te recuerdan los días en que tu relación parecía perfecta.

Ante esta situación lo más sencillo es acostarse en la cama y esperar a que el dolor que nos aqueja pase.

Buscar a otra persona para olvidar.


La cara opuesta a aislarse tampoco es muy recomendable, buscar a una persona que te ayude a olvidar una relación perdida puede presentar una serie de problemas. En primer lugar, estarás huyendo de tus sentimientos y estos regresarán en el momento que menos lo esperes si no les das una conclusión adecuada.

Idealizar el pasado.


En muchas ocasiones, cuando una relación finaliza, idealizas a tu antigua pareja o a los momentos más especiales de la relación.

Esta acción solamente hará que tu recuperación sea más dolorosa y no te dejará ver las cosas como realmente fueron.

Mantener el contacto.


El fin de una relación no siempre es digno de una tragedia griega, en muchos casos simplemente el amor se acaba y ambas partes acuerdan tomar rumbos distintos.

En estos casos es natural que exista contacto entre los dos, en muchos casos puede resultar en amistades largas, pero a veces puede provocar malentendidos y un mayor sufrimiento.

Acosar a la persona que te dejó.


Piensa que jamás podrás volver a estar con ella: ¿De qué te sirve espiar todas sus redes sociales? Lo único que esto provoca es sufrimiento y paranoia innecesaria.

Esto también aplica al mundo real: no te la encuentres “accidentalmente” ni vayas a su lugar de trabajo o a su casa; lo único que lograrás con estas acciones es quedar en ridículo y presentarte como un acosador, simplemente no lo hagas.