Y entonces lo vi, lugar en el que encuentro el paraíso o el infierno, mucho antes de que me lo propusiera mi cuerpo comenzó a caminar hacia él, la rutina lo convirtió en memoria muscular, las tripas me demandaban tanto oxígeno como cerveza, vida y cerveza no son cosas que deberían ir separadas en la vida de un hombre. En lo que son 2 segundos ya me encontraba adentro del bar. – Max, lo de siempre, por favor-  el cantinero, un hombre bajo y robusto me puso la cerveza en frente, estaba exquisitamente helada. Junto a la barra se encontraba un perfecto ejemplar de la perdición del hombre, la mujer tenía unas piernas generosas, el pelo rojo como el fuego y unos 35 años. Encaminándome hacia la barra no pude evitar pensar en como me la follaría si lograba llevarla a la cama, por unos momentos la vida sería buena. Me senté a su lado y esperé a que el alcohol comenzase a hablar por los dos, Cualquier conversación resulta más fácil con un poco de cerveza en las venas. La mujer es algo nuevo en el bar, era como un caballo de raza rodeada por puros burros. Después de 2 cervezas le dije:

-Este bar no es famoso por ser frecuentado por mujeres con ojos inteligentes y de tan alta calidad. me miró y disfruté unos hermosos ojos color marrón.

– Soy una chica fuera de lugar tanto aquí como en los bares de la alta sociedad, pero al menos estos bares no me resultan tan aburridos como los que suelen frecuentara las damas como yo. Es aquí en los bares en los que habitan los verdaderos borrachos donde puedo encontrar algo que realmente valga la pena recordar.

– oh nena, ¿vienes buscando un poco de la verdadera naturaleza del hombre?, peleas, sexo, odio y amor.

– Exacto, vengo a buscar un poco de cada una de esas cosas para así olvidar por unos momentos mi amarga miseria.

– ¿Miseria? Já, chica yo te veo bastante lejos de lo que se conoce como miseria, nada más observa como estás vestida.

– El dinero no crea la felicidad, ¿que no lo has escuchado antes? cuando no tenía dinero no me lo creía, pero mírame ahora, con dinero y más desgraciada que nunca. Veamos si tu me muestras otro camino.

-Estás en el lugar correcto chica, tan solo espera un par de minutos y algo fuera de lo común acontecerá.

Le invite a una cerveza, ella me invitó a la siguiente y así estuvimos por unos 20 minutos cuando, de repente entra un borracho de esos con carácter. Yo ya le conocía, su nombre era Steve, un hijo de puta que nació para emborracharse e ir de bar en bar buscando a alguien con quien partirse la madre a golpes.  Entro con escandalo gritando: ¿¡quién dfe enfrentará con ésfte tidan está noche!?. El bruto llevaba tantas peleas a cuesta que tan solo le quedaban dos dientes, hablaba como idiota. En el bar habían 4 hombres aparte de mi, ninguno de ellos se movió. Steve se comenzó a encabronar y espetó – ¿¡hay algún hombre en esfte bar o ed que son todoz unos condenados maricadz!?, a lo que me puse de pie y le dije : no eres ni la mitad de hombre para vértelas conmigo, te golpearía tan fuerte que terminarías con los pantalones cagados, tu hijo puta, ven y veremos qué tan hombre eres. Puños iban, puños venían, un oppercut casi me derriba, sin embargo, cuando me canse de jugar lo acabe con uno de mis legendarios derechazos, Steve era un borracho de los duros. Cuando recobro el sentido comenzó a reír y dijo: edta jue una buena Richard, espedo que se repica. – cuando quieras chaval-. ¡A quién le dicxes chavañ! Ahí íbamos de nuevo, después de la segunda o tercera pelea al fin se aburría y pedía una cerveza. Steve siempre me agradó, era un loco y a mí siempre me han agradado los locos.

Cuando regresé a la barra, ella estaba eufórica por la pelea y decidió premiarme con más cerveza. Quizás me la lleve a la cama, pensé.

– ¿Qué tanto conoces estos lugares? Me preguntó

-Los conozco como la palma de mi mano, el borracho al que acabo de derribar es un gran compañero de barra, aguanta mejor las copas que los puños.

– Estoy intrigada ¿qué cosa eres? hablas como una persona educada, hay algo no me calza.  

– Soy poeta y escritor, mi nombre es Richard, es un placer.

– ¿Un poeta? No es así como me imaginé a los poetas.

-Los poetas somos unos seres solitarios, y recurrentemente también unos borrachos, no obstante, primero se es un alma rota con un corazón podrido y luego te conviertes en un poeta.

– ¿Y a ti quién te lo dejo podrido?

Por supuesto quién más que una mujer, más temprano que tarde todas dejan un gran agujero negro en el corazón de los hombres, carajo, nunca he conocido alguno que se salvara y si alguna vez lo conozco entonces aquel sujeto no será un hombre sino nada más que un niño. En mi caso fue Matilda, era más fría que la Antártida, se fue sin despedirse, ni siquiera una mísera carta de despedida, lo único que me dejo fue mis fieles borracheras a la luz de la luna. Me enamoré del vino en consecuencia del desamparo de una mujer y ahora me he vuelto adicto a éste al igual que un hombre enamorado se hace adicto a su mujer. Ella era el único hilo que me ataba a mi antigua vida, ahora vivo en un mundo creado por mí, bueno, al menos eso me gusta creer.

-Como consuelo te diré que desde donde provengo jamás hubiese conocido a alguien tan interesante como tú. No puedo evitar pensar que quizás yo debería de intentar algo nuevo, algo radical y digno de vivir, tal cual haces tú, no tengo que responder ante nadie, no tengo ni hijos ni marido.

-Caíste en los malos chistes de la vida, pero aún no es muy tarde para que escapes, debes intentarlo antes que la muerte venga a buscarte.    

La conversación duró hasta el amanecer y luego siguió en mi habitación. Al llegar le invite a una copa de vino, ella era mía, apuro la copa hasta dejarla vacía y se me pego. Sus labios sabían a cerveza, una combinación gloriosa, me volví loco, era todo testosterona. Al terminar, lo primero que me dijo fue: ¡nunca me habían follado así, tu si que eres un hombre de verdad Richard! Por supuesto yo ya no era un crio y bien sabía que le habría dicho lo mismo a cientos de otros pobres desgraciados, era el tipo de mujer que te podía dejar podrido. Después de 20 minutos me la agarro de nuevo, en un momento me puse otra vez a ello, esta mujer estaba dispuesta a dejarme seco. – de verdad que eres increíble Richard, creo que te estaré molestando un tiempo -una noche a la vez nena, ahora duérmete, tendremos más jaleo mañana-. Por 4 semanas todo fue sexo y bebida, al final de una gran noche regresé al departamento a eso de las 4, abrí la puerta y ella gritando me dijo: ¡debes elegir Richard, no seguiré así! ¡tienes que elegir entre los bares o yo!, Ni siquiera me molesté en contestar, cerré la puerta y me dirigí nuevamente al bar. Al regresar ella seguía ahí, me miró, se levantó, corrió hacia mí y me beso, estábamos de nuevo en ello. Al terminar me confesó que al igual que yo se había enamorado de la noche, el sexo y la cerveza. – Orcaistegui. –