La violencia, de cualquier tipo, es un ejemplo claro de lo que es una relación tóxica.

Sin embargo, existen muchos otros que se esconden bajo las ropas de la naturalidad y que, de hecho, son mucho más peligrosos que los que se perciben con facilidad. ¿Por qué?, porque al ser considerados algo normal pasan completamente desapercibidos.

Sin embargo, el daño que causan es tan grande como el de un grito o un golpe.

El árbitro

Lo que escuchas:

«¿Por qué me reclamas? ¿Ya no te acuerdas de lo que hiciste en mayo? Vi esos mensajes. Después dijiste que “no era lo que pensaba”, pero jamás lo aclaraste».

Lo que es:

Buscan justificar sus errores culpándote a ti por acciones pasadas que, teóricamente, ambos decidieron superar.

¿Por qué es tóxico?

Si sigues reclamando cosas de hace meses, ¿por qué continúas en esa relación? Esa es una manera de decirle al otro: «eres alguien malo y cruel, me has herido mucho, pero soy tan buena persona que sigo contigo».

Actuar y pensar de esa forma no es justo para ninguna de las partes.

¿Qué hacer?

O lo aceptas o te vas, sólo existen esas dos salidas. Si sucedió algo que no eres capaz de olvidar o perdonar, es mejor que tomes tu dignidad y te alejes.

Esa es la única forma de no dañarte ni perjudicar a quien dices querer.

El amenazador

Lo que escuchas:

«Si sigues así, no sé a dónde vamos a llegar». «No me imagino una vida con alguien con tu carácter». «Haz lo que quieras, pero luego no me preguntes por qué terminamos».

Lo que es:

Chantaje; en lugar de hablar las cosas con apertura y confianza, buscas manipular al otro para que haga lo que tu voluntad ordene.

¿Por qué amenazas con irte si puedes hacerlo sin causar sentimientos de culpa y confusión?

¿Por qué es tóxico?

A partir de la desconfianza y las acusaciones creas miedo en el otro. La presión constante que ejerces hará que algún momento todo explote y la relación se convierta en un cúmulo de tensiones y dolor.

¿Qué hacer?

Piensa las cosas con claridad y luego háblalo. Si no estás seguro de estar en una relación estable, tienes todo tu derecho de retirarte; pero no hay ninguna razón para torturar a alguien con amenazas.

El carcelero.

Lo que escuchas:

«Si sigues triste para qué salimos», «qué flojera tu depresión», «ya, ¡supéralo!»

Lo que es:

Crees que el otro no tiene derecho a sentirse mal. En lugar de escuchar sus razones y consolarlo si algo malo le sucede, te empeñas en recriminarle sus emociones.

¿Por qué es tóxico?

El otro no tiene la libertad de expresar abiertamente lo que siente ni lo que piensa. Por ello se siente todo el tiempo en una especie de prisión. ¿Quién querría estar en una cárcel?

¿Qué hacer?

Escuchar: antes de emitir cualquier juicio debes ser capaz de entender al otro, sus miedos, necesidades y todo lo que trae consigo. Parte del amor implica estar para tu pareja, no sólo buscar comprensión para uno.

El mimo

Lo que escuchas

«No, nada, estoy bien». «Tú sabes lo que haces. ¿No?» «Es que estaba tranquilo, pero me haces enojar siempre».

Lo que es:

Según tu enojada cabeza, el otro tiene la culpa de todo lo que te sucede, pero ni siquiera eres capaz de decir lo que te molesta. Obligas a tu pareja a interpretar tus gestos y tu actitud sin decir una palabra.

¿Por qué es tóxico?

Nadie es adivino. No puedes torturar al otro así y mucho menos cuando lo que buscas es hacerlo sentir mal por algo que no eres capaz de enfrentar. Si no existe la capacidad de hablar en una relación, se trata de una especie de juego macabro donde alguien está obligado a leer la mente del otro; situación que agota y desgasta.

¿Qué hacer?

Hablar: si hay algo que te molesta, dilo. Esa es la única manera de resolver los conflictos; debes darle la oportunidad al otro de que explique por qué actúa como lo hace y estudiar si hay alguna solución.

El papá o la mamá

Lo que escuchas:

«¿Te vas a ir así?» «¿Dónde andas?» «¿A qué hora vas a llegar a tu casa?» «No hables de esa forma».

Lo que es:

Necesitas tener el control sobre la otra persona. ¿Por qué? porque tu inseguridad te confunde y los celos te invaden cada vez que sientes que no puedes controlar los movimientos de tu pareja.

¿Por qué es tóxico?

El otro se siente completamente consternado. Ni su padre le habla todo el tiempo preguntándole esas cosas como para que lo hagas tú.

Es una manera de sentir que todo pende de la estabilidad y el control, lo cual, en algún momento aleja a cualquiera.

Vía: Cultura Colectiva