Hay algunas preguntas que pueden doler, pero que al contestarlas nos hacen darnos cuenta del lugar y el momento en el que dejaremos a alguien.

Tal vez los ideales no concuerdan, puede que haya planes más grandes que los separarán y saben que no hay forma de que uno se pueda adaptar a la agenda del otro; también puede que ambos quieran cosas distintas y simplemente estén disfrutando de la mutua compañía.

Y tal escenario no tiene nada de malo, el problema es confundirlo con amor verdadero:

¿Quiero estar con otras personas en la cama?

El deseo no es pecado, mucho menos fijarse en otras personas, pero a veces puede ser síntoma de que la vida sexual ya no satisface.

¿Comienzan a molestarme las cosas que antes me gustaban de esa persona?

Hay detalles que el tiempo borra o los convierte en algo que ya no podemos soportar.

¿Realmente quiero conocer lo que no me gusta?




Puede que mientras más tiempo pase, las sorpresas sean peores.

¿Nunca deseo que se calle?

No son esos momentos en los que hablan demasiado, sino en los que sólo por decir una cosa ya no soportas que vuelva a abrir la boca.

¿Estoy dispuesto a compartir mi espacio y el tiempo que paso con mis amigos?

El tiempo sagrado, que cada vez es menor no vale ser alterado por gente que no vale la pena… ni el tiempo.

¿Me imagino con otras personas?

Al ver donde nos encontramos, ¿pienso en lo que sería compartir mi vida junto a alguien más?



¿Me avergüenzo de lo que dice o hace?

Definitivamente la risa es algo esencial en una relación, pero no hay que confundirla con esa pena que nos hace avergonzarnos de esa persona y de nosotros por estar ahí.

¿Qué hace para demostrarme con hechos que me quiere?

Los regalos y los mensajes son una cosa, pero deben existir momentos en los que el amor sea desbordante y no necesite de algo material.

¿Aceptaría sus defectos sin intentar cambiarlo?

Ese cliché de estar con alguien con la intención de cambiarlo debe terminar ya.

¿Realmente podríamos estar juntos toda la vida?

Una respuesta que puede cambiar dependiendo la situación, pero siempre hay una mayor inclinación hacia el sí o el no.

¿Se adaptaría a todos mis eventos?

¿Puedo lidiar con su pasado?

Hay cosas que no podemos cambiar, pero también algunas que no podemos soportar.

¿Puedo soportar a toda su familia?

Aunque muchos no lo crean, la familia sí es para toda la vida e interviene de maneras inimaginables en una relación a largo plazo.




¿Son más los momentos buenos que los malos?

Una regla de oro para saber qué se debe hacer, bastante sencilla y obvia.

¿Que sacrificaría por su felicidad?

Estar dispuestos a dejar planes con los que hemos soñado toda la vida, en orden de funcionar como pareja puede ser lo más difícil.

¿Tendría una relación a larga distancia?

Muchos lo hacen, pocos logran continuar después de unos meses.

¿Mentiría para que no se enoje o siempre hablaría con la verdad?

Esconder ciertas cosas puede ser un gesto pequeño que desencadene en una horrible pelea.




¿Podría presentarlo a todos mis amigos y familiares sin dudar en ningún momento?

Hay personas que creemos amar y cuando queremos presentarla ante nuestros seres más queridos no terminamos de convencernos de hacerlo.

¿Realmente es amor o sólo es miedo a la soledad?

A veces sabemos que no deberíamos tener una relación, pero no soportamos la idea de perder a la persona, o peor, de enfrentarnos a la soledad.