Tener años de relación no equivale a tener una relación madura.

Una cosa es el amor de tu vida y otra muy distinta es el amor con quien estás toda tu vida.

Generalmente se piensa que las personas que duran juntas más tiempo son más felices; se aman sobre todas las cosas, se respetan, se conocen, se divierten y gozan de estar todo el tiempo juntos. Tremenda mentira.

La madurez de una relación no se gana con los años que pasen; puede ser mucho más estable una pareja que tenga 4 meses de conocerse que una que lleve 10 años juntos. Si quieres saber si tu relación no es tan madura como crees, estas son las señales:

10. Siguen discutiendo por todo y por nada

Por quién sacó el perro a pasear más días en la semana, hasta si no le agrada que comas tanta azúcar. Discuten por todo, todo el tiempo. Ni siquiera son temas importantes o trascendentes, sólo es la necesidad de querer tener la razón.

9. Continúan celándose

«¿Quién es ésa que te dio like?», «¿por qué tardas tanto en contestar el teléfono cuando te marco?», «si me tuvieras confianza, me darías la contraseña de tu Facebook». Si tú o tu pareja continúa atacándote con celos, es una relación de codependencia, no de amor.

8. Siguen existiendo los chantajes

«Hace un año tú me prometiste que…», «si sabes que me haces enojar, ¿porqué sigues actuado así». Usan el tiempo que llevan juntos como el almacén de rencores que sacan cada que quieren que el otro haga su voluntad.

7. Compiten por sus éxitos

En lugar de festejarlos, compiten para ver quién es mejor que el otro. En vez de apoyarse a cumplir sus propósitos o apoyarse mutuamente, se ponen el pie para que la situación de ambos esté en el mismo sitio de siempre.

6. Se juzgan

Amar, de verdad, implica saber que el otro no es la persona perfecta y aun así, aceptarlo por completo. No es algo que se tolere, no se intentan cambiar, sino que —aunque no se esté de acuerdo— se quiere con todo.

5. Son completos desconocidos

A pesar de los años que han transcurrido, no conocen nada sustancial el uno del otro: desconocen cuáles son sus mayores miedos, los que más les hace enojar, lo que más aman; en fin, son completos desconocidos aunque vivan juntos.

4. Les da miedo cambiar

Creen que si cambian, todo va a terminar. Piensan que sus vidas no se transformarán con el paso de los años, que lo que son y lo que tienen será eterno e inmutable. Ante el terror que implica cambiar, se estancan en hacer exactamente las mismas cosas siempre: ir al mismo cine, comer lo mismo los domingos, tener sexo siempre igual, etc.

3. Se sienten con el derecho de controlar al otro

Se creen “dueños” del otro, propietarios de sus sueños, deseos y planes a futuro. Sienten que tienen derecho a decidir y controlar las emociones de su pareja.

2. Buscan la manera de estar todo el tiempo juntos

Una cosa es disfrutar tiempo juntos y otra muy diferente es el apego nocivo. Las parejas que procuran estar en todo momento “pegados” tienen un serio problema de codependencia.

1. Se siguen mintiendo

Aprovechan que conocen tan bien al otro que saben de qué manera hablarle para que crea lo que están diciendo. El tiempo y la confianza que se supone existe después de todo ese tiempo, no vale de nada.

Nunca es tarde para decidir cambiar de rumbo, sobre todo cuando las cosas no funcionan bien. Estar con alguien no es una obligación ni tampoco un requerimiento para estar bien y sentirse feliz.

Fuente: Cultura Colectiva